martes, 7 de enero de 2014

13 de octubre de 2013

PARA AQUELLOS QUIENES ME HICIERON DAÑO

Para D:
Siempre siento la necesidad de hablar de ti con alguien pero nunca me atrevo.
Ya no encuentro ni palabras para expresarme. Fuiste mi primer amor, tan doloroso como el último. Me niego a pensar que todo lo que me dijiste era mentira, todo lo que decías sentir, pero no encuentro otra explicación.
Me usaste, como un juguete, que se tira cuando ya cansa y acaba roto, solo y en un rincón. Me hiciste sentir débil, humillada, rota e inservible. Me abandonaste cuando más te necesitaba y te importó muy poco dejarme tirada, manipularme a tu antojo, reírte de mí.
Gracias a ti ahora mi vida es completamente diferente. Constante tristeza, constante y perpetua tristeza, que ahoga como una cadena. Desconfiada, antipática e insensible a las cosas buenas, incapaz de amar. Solo encuentro dolor en mí.
Lo único que espero de ti es que la vida te ponga, algún día, en tu lugar. Espero verte sufrir tanto como lo he hecho yo y que, por fin, te arrepientas. Espero saber de ti dentro de unos años, cuando ya no tengas nada bueno que dar, cuando sigas estando muerto para mí.

Para A:
¿Dónde estás? Dos años preguntándome lo mismo y sigo sin respuesta alguna. Éramos tan diferentes... pero también te quería tanto...
Lloré mucho el hecho de separarme de ti, y fuiste la primera astilla clavándoseme (de tantas).
No suelo arrepentirme de nada, no sé si alejarme de ti fue lo correcto, sin embargo. Pese a todo, intenté arreglarlo al cabo de un tiempo y tú no pusiste de tu parte. Solo vi en ti puro interés. ¿Por qué? ¿Qué esperabas que hiciera? Mis fuerzas siguen bajo cero. Lo único que necesitaba era una amiga. Desde que hicimos las paces lo único que has hecho es joderme y me doy cuenta ahora. 
Siempre ocuparás un gran espacio en mi recuerdo, supongo, pero solo ahí, en el recuerdo. No en mi futuro. Espero que puedas entenderlo.

Para O:
Has sido el único que ha conseguido volver a hacerme daño de esta manera, el único en romper el hielo. Mi hielo. Y otra vez hecha trizas. 
¿Acaso no sabías a lo que enfrentabas? ¿No estabas avisado?
Quisiste algo que no estaba preparada para entregarte. Y has vuelto a dejarme sola. Lo que más me sorprende es que sí confié en ti, en tus ganas de quererme, en tu esperanza puesta en mí, en tu ilusión por nosotros. Y otra vez hecha trizas.
¿Y ahora qué? Volvemos a ser dos completos desconocidos que se conocen realmente bien. Tal vez fue mi mente la que me jugó una mala pasada. Otra vez. Te puso a prueba para darme cuenta de que no esperarías tanto por mí. Optaste por huir, por buscar tu propia felicidad y apagar cualquier rato de luz de la mía. Y otra vez hecha trizas.
No podía ver el mundo como lo veías tú. Para ti, de colores; el mío, a oscuras. Tú queriendo empezar de cero y yo sin poder olvidar, sin saber contar.
No sé para qué coño volviste si no pensabas quedarte.

Para V:
No sé qué esperaba de ti, sinceramente. Tal vez en otra vida sigamos unidas, pero en esta no. 
Una estaca por la espalda, eso fue lo que recibí. Fuiste mi mayor apoyo pero no conseguías tragar mis malos días. Especialista en hacerme sentir sola e inferior. La amiga fea. Esa que solo está para hacer bulto. ¡Y menudo bulto! 
Sigue doliéndome la forma en la que me miras, y en la que no me miras. Es extraño que todo esto haya dado un giro tan inesperado. Decías que las amigas solo te duraban un año y, vaya, ya entiendo por qué. No somos nosotras las que se alejan de ti, si no tú. Te da igual quien puede salir herido, solo miras por ti.
No eres el único escalón débil de esta escalera y, con esta patada, vuelvo a romperme. 
Y parece que esto no acaba nunca. 
Rechazabas mis consejos y mi ayuda y a mí no me servían tus palabras, como las de nadie. 
Un recuerdo en una foto más.

Para mi padre:
Por mucho que lo digas, pocas veces has demostrado que me querías "tanto".
Mi mayor tortura siempre ha sido tu búsqueda de la perfección en mí. Y yo, como tonta, intentando complacerte. Lo único que he conseguido ha sido una autoestima casi nula, un constante pensamiento de no ser suficientemente buena en nada. ¿Y de qué me sirve? Aún no lo sé porque no me veo capaz de mejorar, de dar más de mí. Tal vez esta no era tu intención, pero sí es lo que has conseguido. Sé que muchas veces hablas y actúas sin pensar y te dejas llevar por los nervios pero, si te hubieras molestado en conocerme, te habrías dado cuenta de que yo también soy una persona y sufro como tal, incluso más de lo normal. 
He intentado mi mejor y nunca ha parecido ser suficiente. ¿Cómo esperabas que me sentiría? Aún estoy esperando a que te sientas orgulloso de mí.

7 de octubre de 2013

No hago más que repetirme que no debo rendirme y que las cosas mejorarán, aunque de momento no lo hagan.

Pasa el tiempo y me pesa. Mala suerte, sin concentración, soledad. Sobretodo soledad. Tal vez es ahora cuando debería a empezar a creer que estoy empezando a volver a creer pero no. Ya no sé ni lo que escribo.

Cada día que pasa el corazón se vuelve más frío, más egoísta. ¿Hasta dónde pretende llegar? Y fíjate, esta última semana empezaba a preocuparme porque no me sentía triste, porque no encontraba mis típicas ganas de llorar. Esto no está bien. Hace tiempo que lo evito, lo de llorar. Cada vez estoy más cansada y hundida y ya ni escribir me reconforta.

Lo peor de todo es la idea que deambula constantemente por mi mente y, de vez en cuando, se pone voz: "ojalá tu piel fuera tan fría como tu corazón, ojalá tus latidos fueran tan secos como el hielo; ojalá estuvieras muerta."

27 de septiembre de 2013

Ya no escribo porque siento que me repito.

Llevo tiempo cuestionándome si escribir ayuda o solo hace que me dé cuenta de la gran mierda que soy. Creo que con eso está todo dicho ya.

¿Por qué no acaba ya? ¿Por qué a mí? Muy típico, no? Lo peor es que estoy arrastrando a gente conmigo. Lo peor es que, cuando estoy mal, lo estoy para todo el mundo, incluso para mi misma.

Se me escapan las ganas de vivir. Esas putas ganas que ya ni recuerdo cómo sentaban.
Lo más difícil es darse cuenta de que solo necesitas a una persona para ser feliz: a ti misma. Y yo me estoy perdiendo más a cada instante que pasa. Por qué no quererme tal y cómo soy... 

No sabes qué es tragarse tal angustia. Andas por la calle y quieres llorar. Paras, respiras. ¿Estás respirando? Continua. Sigue andando aunque esa tristeza no se vaya. Ese, mi día a día, pierdo fuerza y siento que en cualquier momento me rendiré. No sé a qué o a quién, pero me rendiré.

Poco a poco me ido dando cuenta de que todo aquello que creía que me hacía feliz, me hacía bien, ha acabado doliéndome, hasta tal momento en que en mi cabeza pasea el escoger entre el infierno y sentir este dolor. Preferiría estar muerta.

domingo, 20 de octubre de 2013

20 de agosto de 2013

Me encanta hablar con tu contestador, es como si alguien me escuchara al fin. No da consejos ni siente compasión, todo lo que necesito.

He ido al lavabo. Sí, a ese armarito blanco, pero no, no había de esas pastillas que quitan el dolor. Sé que me entiendes. No es una migraña ni un moratón. Ahora es cuando tú saltarías con tu típico "tienes mucha vida por delante, mucha gente que te quiere, así que no hagas tonterías". Tonterías, claro. ¿Qué sino? No serías capaz de decirme algo nuevo, algo que no se haya atrevido nadie a decir.

Ahora me doy cuenta de que nada de esto tiene sentido. ¿Qué me hace feliz? ¿Quién? ¿Por qué sigo? Silencio. Una hace muda al final. Una puta hache. ¿Entonces? Sí, entonces es cuando mi mente ordena a mi cuerpo caminar, bajar las escaleras (tal vez tirarse), volver al lavabo y abrir el armarito blanco. Revolver las cajas y frustrarse por no saber calmar este dolor. Ese que vuelve a oprimirte el pecho hasta que rompes a llorar. Qué triste que todas mis noches sean así y más que las tenga que pasar sola.

Hoy he ido al lavabo. Sí, al armarito blanco, pero no, no había de esas pastillas que quitan el dolor.

05 de julio de 2013

Lo peor es que no sé qué estoy haciendo. No sé si es una etapa en la que me encuentro mejor de verdad o es solo un espejismo, un descanso. Tampoco sé cual de las dos ideas me aterroriza más. 

Encuentro días en los que siento que el mundo se me viene encima, indefensa, y otros en los que no siento absolutamente nada. ¿Voy a pasarme así el resto de mi vida? 

Últimamente me abruma el miedo. Y me ahoga. Incluso soy capaz de compararlo con un puñetazo en el pecho, de esos que te dejan sin respiración pero que no te mata del todo. Sufriendo, nervios, lágrimas y dolor. PERO NO MUERES, y eso te tortura más. Me machaca el pecho hasta hacerse hueco, hasta hacerlo suyo y ya no se marcha. Acaba viviendo contigo hasta tu final.

24 de marzo de 2013

Cada vez menos yo.

18 de marzo de 2013

No le encuentro motivo a la vida. ¿Para seguir? ¿Para luchar? ¿Para... sonreír? Cada vez el camino se me hace más cuesta arriba. Mis piernas tiemblan y flojean, mis pies caminan por pura inercia. Me vuelvo y observo el camino ya hecho: inútil. Mentiras y atajos. Sonrisas vacías.

No es suficiente. Nunca lo es. Mis ojos no son suficientemente grandes, mis piernas no son suficientemente delgadas, mi viente no es suficientemente plano, mi alma no está suficientemente viva.

¿Felicidad? Nadie conoce la felicidad. Sustituida por momentos de éxtasis donde lo malo se olvida. Y entonces expiran. ¿Realmente existe algo que sea eterno? ¿El alma? Le preguntaría a la mía si siguiera viva. Y mira, ahí tengo la respuesta.

El diablo tiene ansia de poseerme pronto y no voy a resistirme lo más mínimo. Tan cortés. Tan tentador. Se acerca a la herida y susurra que nadie me quiere aquí. Y ahora sé que es verdad, aunque soy demasiado cobarde para acabar con esto de un corte. O tal vez no lo suficiente.