miércoles, 19 de diciembre de 2012

19 de noviembre de 2012

¿Aún no me he vuelto invisible? Lo suponía. Más que nada porque el mundo sigue jodiéndome. El mundo, no yo. El mundo. Vale. Yo. Yo misma me hiero, pero es que no puedo más. Quiero llorar y que alguien me abrace mientras lo hago. Pero no hay nadie.

Él es lo único que me queda y lo único que valoro lo suficiente como para no hacerle sufrir. Si lloro, sufrirá. Sufrirá por no poder hacer desaparecer mis lágrimas y mis problemas. Sufrirá por no poder abrazarme lo suficientemente fuerte. Sufrirá por no poder ayudarme, o eso creerá él. Lo que no sabe es que con solo una mirada, una caricia o su misma sonrisa son capaces de alegrar el peor de mis días. Capaces de hacerme olvidar todo aquello que me hace infeliz. 
Me besa y soy una niña ilusionada otra vez, una princesa en su cuento de hadas. 

Los cortes no consiguen apagar el dolor interior.
Un abrazo, por favor. Un abrazo solo más.

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