domingo, 20 de octubre de 2013

18 de marzo de 2013

No le encuentro motivo a la vida. ¿Para seguir? ¿Para luchar? ¿Para... sonreír? Cada vez el camino se me hace más cuesta arriba. Mis piernas tiemblan y flojean, mis pies caminan por pura inercia. Me vuelvo y observo el camino ya hecho: inútil. Mentiras y atajos. Sonrisas vacías.

No es suficiente. Nunca lo es. Mis ojos no son suficientemente grandes, mis piernas no son suficientemente delgadas, mi viente no es suficientemente plano, mi alma no está suficientemente viva.

¿Felicidad? Nadie conoce la felicidad. Sustituida por momentos de éxtasis donde lo malo se olvida. Y entonces expiran. ¿Realmente existe algo que sea eterno? ¿El alma? Le preguntaría a la mía si siguiera viva. Y mira, ahí tengo la respuesta.

El diablo tiene ansia de poseerme pronto y no voy a resistirme lo más mínimo. Tan cortés. Tan tentador. Se acerca a la herida y susurra que nadie me quiere aquí. Y ahora sé que es verdad, aunque soy demasiado cobarde para acabar con esto de un corte. O tal vez no lo suficiente.

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