martes, 7 de enero de 2014

27 de septiembre de 2013

Ya no escribo porque siento que me repito.

Llevo tiempo cuestionándome si escribir ayuda o solo hace que me dé cuenta de la gran mierda que soy. Creo que con eso está todo dicho ya.

¿Por qué no acaba ya? ¿Por qué a mí? Muy típico, no? Lo peor es que estoy arrastrando a gente conmigo. Lo peor es que, cuando estoy mal, lo estoy para todo el mundo, incluso para mi misma.

Se me escapan las ganas de vivir. Esas putas ganas que ya ni recuerdo cómo sentaban.
Lo más difícil es darse cuenta de que solo necesitas a una persona para ser feliz: a ti misma. Y yo me estoy perdiendo más a cada instante que pasa. Por qué no quererme tal y cómo soy... 

No sabes qué es tragarse tal angustia. Andas por la calle y quieres llorar. Paras, respiras. ¿Estás respirando? Continua. Sigue andando aunque esa tristeza no se vaya. Ese, mi día a día, pierdo fuerza y siento que en cualquier momento me rendiré. No sé a qué o a quién, pero me rendiré.

Poco a poco me ido dando cuenta de que todo aquello que creía que me hacía feliz, me hacía bien, ha acabado doliéndome, hasta tal momento en que en mi cabeza pasea el escoger entre el infierno y sentir este dolor. Preferiría estar muerta.

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