domingo, 20 de octubre de 2013

19 de enero de 2013

Cuando te tratan como si fueras mierda, es fácil acabar creyendo que lo eres. 

Quiero llorar. Quiero llorar a cada segundo, y a cada minuto me aguanto cada una de estas pesadas lágrimas. No me permito llorar delante de nadie. Es de débiles. Y hoy lo he sido. Lo único que ha podido hacer mi madre ha sido abrazarme. Ahora soy yo la que se repite constantemente que no valgo nada. Al final es lo que acabo creyéndome.

Cuando alguien te falla de esta manera, dejas de buscar el lado bueno de las cosas. No existe.

Muñecas hinchadas y víctimas del picor. Insoportable. Imposibles de mirar. Abundan cortes, arañazos y más cicatrices. Y no sé de cuál hay más. Rojez. Hinchazón. Una piel que habrá que ocultar, hacer que deje de sangrar. Solo por un instante.  

Cada vez, cada corte más profundo que el anterior. Gritos ahogados en sangre. Vives con una cuchilla en la mano y aprovechas cualquier momento. Vistes siempre manga larga y haces como si nada. Al fin y al cabo, ¿hay algo que puedas hacer?

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