domingo, 20 de octubre de 2013

20 de agosto de 2013

Me encanta hablar con tu contestador, es como si alguien me escuchara al fin. No da consejos ni siente compasión, todo lo que necesito.

He ido al lavabo. Sí, a ese armarito blanco, pero no, no había de esas pastillas que quitan el dolor. Sé que me entiendes. No es una migraña ni un moratón. Ahora es cuando tú saltarías con tu típico "tienes mucha vida por delante, mucha gente que te quiere, así que no hagas tonterías". Tonterías, claro. ¿Qué sino? No serías capaz de decirme algo nuevo, algo que no se haya atrevido nadie a decir.

Ahora me doy cuenta de que nada de esto tiene sentido. ¿Qué me hace feliz? ¿Quién? ¿Por qué sigo? Silencio. Una hace muda al final. Una puta hache. ¿Entonces? Sí, entonces es cuando mi mente ordena a mi cuerpo caminar, bajar las escaleras (tal vez tirarse), volver al lavabo y abrir el armarito blanco. Revolver las cajas y frustrarse por no saber calmar este dolor. Ese que vuelve a oprimirte el pecho hasta que rompes a llorar. Qué triste que todas mis noches sean así y más que las tenga que pasar sola.

Hoy he ido al lavabo. Sí, al armarito blanco, pero no, no había de esas pastillas que quitan el dolor.

05 de julio de 2013

Lo peor es que no sé qué estoy haciendo. No sé si es una etapa en la que me encuentro mejor de verdad o es solo un espejismo, un descanso. Tampoco sé cual de las dos ideas me aterroriza más. 

Encuentro días en los que siento que el mundo se me viene encima, indefensa, y otros en los que no siento absolutamente nada. ¿Voy a pasarme así el resto de mi vida? 

Últimamente me abruma el miedo. Y me ahoga. Incluso soy capaz de compararlo con un puñetazo en el pecho, de esos que te dejan sin respiración pero que no te mata del todo. Sufriendo, nervios, lágrimas y dolor. PERO NO MUERES, y eso te tortura más. Me machaca el pecho hasta hacerse hueco, hasta hacerlo suyo y ya no se marcha. Acaba viviendo contigo hasta tu final.

18 de marzo de 2013

No le encuentro motivo a la vida. ¿Para seguir? ¿Para luchar? ¿Para... sonreír? Cada vez el camino se me hace más cuesta arriba. Mis piernas tiemblan y flojean, mis pies caminan por pura inercia. Me vuelvo y observo el camino ya hecho: inútil. Mentiras y atajos. Sonrisas vacías.

No es suficiente. Nunca lo es. Mis ojos no son suficientemente grandes, mis piernas no son suficientemente delgadas, mi viente no es suficientemente plano, mi alma no está suficientemente viva.

¿Felicidad? Nadie conoce la felicidad. Sustituida por momentos de éxtasis donde lo malo se olvida. Y entonces expiran. ¿Realmente existe algo que sea eterno? ¿El alma? Le preguntaría a la mía si siguiera viva. Y mira, ahí tengo la respuesta.

El diablo tiene ansia de poseerme pronto y no voy a resistirme lo más mínimo. Tan cortés. Tan tentador. Se acerca a la herida y susurra que nadie me quiere aquí. Y ahora sé que es verdad, aunque soy demasiado cobarde para acabar con esto de un corte. O tal vez no lo suficiente.

06 de marzo de 2013

Hoy es uno de esos días en lo que todo me supera. Uno de esos días en el que todo, todo, todo te hace querer... ¿morir? 

"¿Por qué sigues existiendo?" Constante en mi mente. Y nunca se calla. Incluso se atreve a imaginarme enfrente de un coche sin frenos. Imagina cada detalle, cada golpe, cada salpicadura de sangre que dejaría. 

La lluvia no cesa. Qué egoísta, ni en mi propio suicidio deja de empaparme. Gotas de pensamientos que ahogan, despacio, sin prisa. ¿Puede haber algo más mortal?

No sé ni quien soy ni me reconozco. No me importa el futuro ni el presente, solo sobrevivir un día más con toda esta mierda consumiéndome.

06 de febrero de 2013

Tengo curiosidad por saber cómo me tratará el psicólogo. Sí, ahora estoy oficialmente loca.

No importa, sigo hundida. Igual no, peor sí. Más oscuridad, más ansiedad, más miedo. Miedo a todo menos a morir. Es imposible que supere esta tortura. Tal vez el infierno sea un descanso en comparación.

Me miro y no encuentro nada bonito en mí. Solo un reflejo de pura desesperación, pena, soledad, asco y decepción. Una continua decepción. Repugnancia.

Estoy cansada, esto no es vivir. Nunca entendí la diferencia entre "vivir" y "no estar muerta". Ahora, no sé si por fin, sí. Sobrevivir. Y a duras penas.

Estoy cansada. De todo. De esto. De mí.

19 de enero de 2013

Cuando te tratan como si fueras mierda, es fácil acabar creyendo que lo eres. 

Quiero llorar. Quiero llorar a cada segundo, y a cada minuto me aguanto cada una de estas pesadas lágrimas. No me permito llorar delante de nadie. Es de débiles. Y hoy lo he sido. Lo único que ha podido hacer mi madre ha sido abrazarme. Ahora soy yo la que se repite constantemente que no valgo nada. Al final es lo que acabo creyéndome.

Cuando alguien te falla de esta manera, dejas de buscar el lado bueno de las cosas. No existe.

Muñecas hinchadas y víctimas del picor. Insoportable. Imposibles de mirar. Abundan cortes, arañazos y más cicatrices. Y no sé de cuál hay más. Rojez. Hinchazón. Una piel que habrá que ocultar, hacer que deje de sangrar. Solo por un instante.  

Cada vez, cada corte más profundo que el anterior. Gritos ahogados en sangre. Vives con una cuchilla en la mano y aprovechas cualquier momento. Vistes siempre manga larga y haces como si nada. Al fin y al cabo, ¿hay algo que puedas hacer?

martes, 8 de enero de 2013

“El sol brilla diferent quan és estiu.”


-       I no el trobes a faltar?
La pitjor pregunta. Milions de qüestions disponibles que podries usar i esculls la pitjor. Si el trobo a faltar...
T’han donat alguna vegada un cop d’aquests tan forts que et deixen sense alè? Doncs així em sento jo. Em dóna la sensació que em falta l’aire, que tot l’oxigen que s’emporta el vent és insuficient.
Coneixes l’alegria que experimentes quan trobes alguna tonteria, un record important per tu, que ja donaves per perduda? Doncs així em sentí jo la primera vegada que em va besar. No vaig trobar papallones a l’estómac ni van volar ocells al nostre voltant, però sí que les mans em tremolaven i el cor em bategava a contratemps.
Saps de què et parlo quan nombro l’adrenalina que crema la sang? Doncs així em sentí jo quan ell m’agafà la mà per primer cop. Ni vaig pensar que ho faria, però va fer-ho. I sí, l’adrenalina va cremar-me la sang, però també vaig sentir por, molta por. Por per si marxava un dia i no tornava. Por per si deixava de necessitar les meves abraçades. Por per si repudiava els meus petons. Por per perdre’l.

I tu, com em veus? Somric i semblo feliç. Ric i faig bromes. El que no pot veure ningú és que el somriure me’l dibuixo cada matí abans de sortir i el sostinc amb xinxetes per què no caigui. El que no pot veure ningú és que el meu món, anteriorment perfecte, s’enfonsa i jo he perdut la capacitat de construir murs. El que no pot veure ningú és que es va acabar convertint en el meu “tot” i ara que ha marxat m’he quedat sense res.
Amb el temps vaig comprendre que no hi havia res que m’omplís més que veure’l feliç a ell.
Quan passes per buits així el primer acte és intentar solucionar-ho. Els records no s’esborren tan fàcilment, oi? Doncs ho intentes. Després plores. I plores fins que arriba el moment d’adonar-se que allò no està bé, que res ho està. És, llavors, quan surts al carrer amb el somriure posat encara que estiguis trist o enrabiat. L’únic que vols és que els amics no et pregunten el motiu d’aquella llàgrima que s’escapa sense voler. Al cap i a la fi, tothom sap que el sol brilla diferent quan és estiu.
-    No, no gaire...

04 de enero de 2013

Estoy hundida. He fracasado como hija, como hermana, como amiga y como novia.
Al fin lo ha admitido. Supongo que lo tuve en todo momento frente a mis narices pero no quise verlo. 

Noto como la anorexia me consume. Noto como los cortes cada vez son más abundantes y profundos. Y lloro. Lloro mucho. Te alteras, paras y te calmas. Pero unas pocas palabras son suficientes para que los nervios vuelvan a la piel y busques, desesperada, una salida, una solución, un corte más. 

Vives engañada pensando que no estás tan mal, que algún día lo superarás, que no ere la única y que puedes con esto sola. Te mueres de ganas de contárselo a alguien que pueda ayudarte de verdad pero el miedo te paraliza. Solo miedo. Miedo a cómo pueden tratarte, a cómo te pueden mirar. Miedo a los cambios. Miedo a volver a caer si consigues salir. Miedo a las duras palabras que esperas oír. Miedo a ti misma. 
Entonces es cuando piensas que a lo mejor no se vive tan mal, que hay gente con mayores problemas y que no tienes de qué preocuparte.

Pues él no pudo con esto. Y me abandonó. Justo cuando más le necesitaba. Como acaban haciendo todos.

jueves, 3 de enero de 2013

02 de enero de 2013 (II)

¿Y tú me hacías llamarte "amor"? Confié en ti, tuve miedo pero me dejé llevar. Y me has fallado. Me has fallado como nunca nadie lo había hecho.

Mentiras.

Has sido capaz de decepcionarme como amigo, como novio y, aún más, como persona. ¡Qué máscara tan buena vestías que hasta a mí me engañaste!

Yo, que puse la mano en el fuego por ti, que lo entregué todo por verte feliz. ¿Y al final, qué obtengo? Lágrimas y un motivo más para volver a hacer todo aquello que juraste dejar de lado.

"Valórate más." Es fácil cuando la única persona que te contagiaba sus ganas de vivir no te ha tratado como si de una mierda se tratara. O peor.

Me siento abatida. Menuda y sin fuerzas.

"Te mereces algo mejor", "no vale la pena", "encontrarás a alguien que te quiera de verdad". Inútil, no sirve de nada. "Ha jugado contigo", "no eres nada para él". Duele.

Nadie, NADIE, puede ponerse en mi lugar y sentir lo que me mata, soportar mis pensamientos y controlar este llanto. No podéis. Qué débil. Si no le importara a nadie no tendría motivo para alargar este dolor que me mata lentamente, acabar con esta agonizante vida sería rápido, fugaz. Tanto que no daría tiempo a que nadie me extrañara. 

02 de enero de 2013

No puedo. El dolor es tan profundo que es imposible aguantarlo. Con unas tijeras en mano la vida se ve distinta. 
Nadie te escucha ni te entiende pero el filo hace un esfuerzo. 

Y lloras. Las lágrimas ahogan los gritos, el dolor. Dolor. Y no cesa. Y duele. Duele otra vez, joder. Vuelves a llorar pero ya no sabes porqué. 
Estiras la piel, cierras los ojos y clavas la hoja. Bien hondo. Quedará cicatriz. 

Cicatrices de una lucha eterna contra una misma. Sin tregua. Sin paz. Sin esperanza.

De repente, un recuerdo doloroso. Vuelves a cortar. Ya todo estaba más calmado. Entonces es cuando te das cuenta de que ya no puedes más, de que la situación de supera y de que te has pasado.

"Por favor, deja de sangrar", "nunca más", "necesito ayuda" y demás pensamientos que, fugazmente cruzan tu mente. Como la última vez. Quieres que todo sea real. Salir de esta mierda y empezar a vivir.

Buscas un motivo para seguir. Sin resultado. Todo lo que amabas ya no está. "Estás sola. Estás loca". Y lo dices en voz alta. Vuelves a llorar.

Tu almohada te pide que no la empapes esta noche. "Estás perdida."

miércoles, 2 de enero de 2013

19 de diciembre de 2012

He dejado de lado las tijeras. No quiero decepcionarle. No una vez más.

Ahora es como empezar de cero. Tengo la oportunidad de hacer las cosas bien y no voy a desaprovecharla. Pienso exprimirla al máximo.

¿Que si le echo de menos? No sabes cuánto. Nadie lo sabe. Intento que no se note: estoy destrozada. Necesito un abrazo. De esos que no acaban, de los que no quieren encontrar un final. Esos abrazos que te hacen sentir como en casa, como si todo fuera bien, como si todo estuviera igual que antes. 

Nunca había entregado tanto a alguien. Prefería dejar el tiempo pasar y decidir. Que fuera el destino quien marcara mi camino. Ahora no quiero. Ya no. Quiero que él sea mi pasado, presente y futuro. Dijo "para siempre". Quise que fuera así.

Ya no está. Le quiero. Vuelve. Encontré a ese alguien que me llenaba. Mi pequeño. Mi cielo. Siempre será el primero.

17 de diciembre de 2012

Y cuando crees que, por fin, has alcanzado la felicidad ¡Bum! ¿Qué te parece? Creo que ya estabas siendo demasiado feliz.

No es fácil ver cómo algo desaparece en frente de tus narices y tú, por mucho que te entregues, por mucho que luches, no puedes hacer nada.

Me siento completamente vacía. Indefensa como una niña. Perdida. Quizá no di lo mejor de mí o me entregué demasiado. "Ama con todo tu corazón." Sí, amé demasiado. Y sufro. ¿La solución? Dejar de querer. No ames. Más fría que el mármol, indestructible como el viento de un huracán. 

Me sobrepasa. Yo no soy así. Mi problema es que no aprendo de los errores. Pienso que las personas puedes cambiar, mejorar, y que la próxima vez será mejor que la última. Y no es así. 

Date cuenta, pequeña, de que la gente sigue su camino sin importarles a quién tienen que llevarse por delante. 
¿Se aprende también si siempre se comete el mismo error? Esta es la peor semana que he vivido hasta ahora. No quiero llorar. Odio llorar. No soy débil. Sí, lo soy. Lo siento. Por todo. Por no poder con esto.
Nada que lamentarse, nada que escribir.

Todos tenemos un método para medir nuestra felicidad.