No puedo. El dolor es tan profundo que es imposible aguantarlo. Con unas tijeras en mano la vida se ve distinta.
Nadie te escucha ni te entiende pero el filo hace un esfuerzo.
Y lloras. Las lágrimas ahogan los gritos, el dolor. Dolor. Y no cesa. Y duele. Duele otra vez, joder. Vuelves a llorar pero ya no sabes porqué.
Estiras la piel, cierras los ojos y clavas la hoja. Bien hondo. Quedará cicatriz.
Cicatrices de una lucha eterna contra una misma. Sin tregua. Sin paz. Sin esperanza.
De repente, un recuerdo doloroso. Vuelves a cortar. Ya todo estaba más calmado. Entonces es cuando te das cuenta de que ya no puedes más, de que la situación de supera y de que te has pasado.
"Por favor, deja de sangrar", "nunca más", "necesito ayuda" y demás pensamientos que, fugazmente cruzan tu mente. Como la última vez. Quieres que todo sea real. Salir de esta mierda y empezar a vivir.
Buscas un motivo para seguir. Sin resultado. Todo lo que amabas ya no está. "Estás sola. Estás loca". Y lo dices en voz alta. Vuelves a llorar.
Tu almohada te pide que no la empapes esta noche. "Estás perdida."
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