jueves, 3 de enero de 2013

02 de enero de 2013

No puedo. El dolor es tan profundo que es imposible aguantarlo. Con unas tijeras en mano la vida se ve distinta. 
Nadie te escucha ni te entiende pero el filo hace un esfuerzo. 

Y lloras. Las lágrimas ahogan los gritos, el dolor. Dolor. Y no cesa. Y duele. Duele otra vez, joder. Vuelves a llorar pero ya no sabes porqué. 
Estiras la piel, cierras los ojos y clavas la hoja. Bien hondo. Quedará cicatriz. 

Cicatrices de una lucha eterna contra una misma. Sin tregua. Sin paz. Sin esperanza.

De repente, un recuerdo doloroso. Vuelves a cortar. Ya todo estaba más calmado. Entonces es cuando te das cuenta de que ya no puedes más, de que la situación de supera y de que te has pasado.

"Por favor, deja de sangrar", "nunca más", "necesito ayuda" y demás pensamientos que, fugazmente cruzan tu mente. Como la última vez. Quieres que todo sea real. Salir de esta mierda y empezar a vivir.

Buscas un motivo para seguir. Sin resultado. Todo lo que amabas ya no está. "Estás sola. Estás loca". Y lo dices en voz alta. Vuelves a llorar.

Tu almohada te pide que no la empapes esta noche. "Estás perdida."

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