Pienso demasiado. Hoy he llegado a esa conclusión. No debo darle tantas vueltas a las cosas, pero lo hago. Y no me hace ningún bien. Si tiene que llegar, ya llegará, no? Pero yo tengo que rallarme por tontadas y pequeñeces.
A lo mejor mi problema es que le doy demasiada importancia a todo, sin importar de quién sea, cómo sea y de cuándo sea. ¿Será que me obsesiono? Porque hay veces que no consigo conciliar en sueño y paso toda la noche pensando. Pensando en cómo actuar y en las posibles metas, a qué me puede llevar.
Sí, definitivamente pienso demasiado. Y estoy volviéndolo a hacer. Tal vez todos mis pensamientos se reduzcan a uno, simple y sencillo, pero no sea capaz de llegar a él.
No tengo a nadie que se pueda poner en mi lugar y entenderme. Y seguramente estaría igual de confuso que yo. No, prefiero guardármelo para mí y seguir en mis redes de pensamientos.
Sí, pienso demasiado.
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