Ya no tengo alma. Ayer la perdí entre lágrimas. Sí, lágrimas mías. Fueron tantas las que surgieron de mis ojos que enseguida perdí la cuenta.
Cada palabra me traspasaba como si de una espada se tratara. Una vez más, duele. Y lloro. Ya ya no me escondo. ¡Que el mundo ría frente a su ignorancia! Que prefiero mil veces amar y sufrir que no haber amado nunca.
Un juguete. Un juguete roto. Con el objetivo de seguir luchando por lo que quiere. No me rindo y lucharé hasta que mi corazón diga basta. Porque yo también tengo derecho a ser feliz.
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