Hoy, al levantarme, me he mirado en el espejo. Me he visto diferente. Mayor, madura de alguna manera. ¿Puede la madurez reflejarse en una imagen? Desconozco la respuesta y dudo que quiera saberla.
No obstante, tampoco conozco qué es madurar. Nadie podría definirme con exactitud esa etapa de la vida. Se dice que es la capacidad con la que puedes decantarte por una opción o otra. Saber decidir.
¿Para qué? Si la vida en sí es un error, llena de complejos y miradas. Miradas inseguras, seductoras, decisivas. Miradas condenadas o que condenan.
Todo se reduce a nada. Madurar, sin embargo, es dejar la infancia atrás. ¿Lo prefieres así? Todo responsabilidades, seriedad, problemas e incomprensión. Dejando de lado los momentos divertidos, hacer tonterías sin pensar en quién me está viendo o el qué dirán.
No estoy segura de si soy una chica que no entiende nada de lo que ocurre o de si soy una mujer que lo ve todo con más claridad y se cuestiona. Ahora no sé si quiero madurar.
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