miércoles, 21 de noviembre de 2012

29 de mayo de 2011

Comparo el amor con un golpe en el dedo pequeño del pie. Gana el amor, duele más.

Es más extenso de lo que nadie podría imaginar. Extrañar a alguien y todo lo que tiene que ver con esa persona: sus gestos, su acento, sus risas, su manera tan mala de explicarse, su torpeza, su inocencia, su nerviosismo, incluso sus lágrimas que un día derramó.

Sí, duele más el amor. Un golpe no importa. El dolor es intenso pero breve. Un desengaño amoroso o una traición es igual o más intensa y va haciéndose cada vez más doloroso hasta llegar a la cumbre. Y perdura. Lo bueno de llegar a la cima es que a partir de ese momento todo va a mejor. Nada puede empeorar porque todo está mal.

Sopla el viento. El pelo juega sobre mi cara. Enloquece. Me siento bien. Por un momento me olvido de todo. Aunque nada es para siempre.

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